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Un raro intercambio de datos conduce al progreso contra el Alzheimer

En 2003, un grupo de científicos y ejecutivos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH, por sus siglas en inglés), la Food and Drug Administration (Administración para Alimentos y Fármacos, o FDA, por sus siglas en inglés), las industrias de medicamentos y de imágenes para aplicaciones médicas, las universidades y los grupos sin fines de lucro se reunieron en un proyecto que los expertos dijeron no tenía precedentes: un esfuerzo de colaboración para encontrar los marcadores biológicos que mostraran el progreso de la enfermedad de Alzheimer en el cerebro humano.

Ahora, el esfuerzo está cosechando frutos con el valor de recientes documentos científicos sobre el diagnóstico temprano de Alzheimer utilizando métodos como las tomografías por emisión de positrones o las pruebas de líquido cefalorraquídeo. Más de 100 estudios se encuentran en proceso para probar medicamentos que podrían lentificar o detener la enfermedad.

Y la colaboración ya está sirviendo de modelo para esfuerzos similares contra la enfermedad de Parkinson. Un proyecto de $40 millones de dólares para buscar los marcadores biológicos del Parkinson, auspiciada por la Fundación Michael J. Fox, planea reclutar a 600 sujetos de estudio en los Estados Unidos y Europa.

El trabajo con el Alzheimer "es el precedente", dijo Holly Barkhymer, una portavoz para la fundación. "Estamos realmente emocionados".

La clave para el proyecto de Alzheimer fue un acuerdo tan ambicioso como su meta: no solo juntar dinero, no solo hacer investigación en una vasta escala, sino también compartir toda la información, haciendo público cada hallazgo inmediatamente, disponible para cualquiera con una computadora en cualquier lugar del mundo.

Nadie sería dueño de los datos. Nadie podría presentar solicitudes de patente, aunque las compañías privadas ulteriormente se beneficiarían de cualquier medicamento o prueba gráfica desarrollada como resultado del esfuerzo.

"Era increíble", dijo el Dr. John Q. Trojanowski, un investigador de Alzheimer en la Universidad de Pennsylvania. "No es ciencia de la manera en la que la mayoría de nosotros la ha practicado en nuestras carreras. Pero todos nos damos cuenta de que nunca encontraremos los marcadores biológicos a menos que todos dejemos a un lado nuestros egos y olfato perseguidor de la propiedad intelectual y acordar que todos nuestros datos serían públicos inmediatamente".

Los marcadores biológicos no son necesariamente definitivos. Queda ver cuántas personas que los tienen realmente tienen la enfermedad. Pero es parte del proyecto de investigación.

La idea para la colaboración, conocida como ADNI, siglas en inglés de Iniciativa de Obtener Imágenes Neurológicas de la Enfermedad de Alzheimer, surgió aproximadamente 10 años atrás en una conversación casual en un auto.

Neil S. Buckholtz, jefe de la Rama de Demencias del Adulto Mayor en el Instituto Nacional del Envejecimiento, estaba en Indianápolis y el Dr. William Potter, neurocientífico en el Eli Lilly y viejo amigo suyo, le estaba llevando al aeropuerto.

El Dr. Potter había recientemente dejado los Institutos Nacionales de Salud y había estado pensando en cómo acelerar el extremadamente lento progreso de la investigación en medicamentos para le enfermedad de Alzheimer.

"Queríamos salir de lo que yo llamaba desarrollo de medicamentos del siglo diecinueve —entregar un medicamento y tener la esperanza de que haga algo," recordó el Dr. Potter en una entrevista el día jueves. "Lo que se necesitaba era hallar una manera de ver lo que estaba pasando en el cerebro a medida que el Alzheimer avanzaba y preguntar si los medicamentos experimentales podrían alterar ese progreso."

Los científicos buscaban marcadores biológicos, pero no estaban llegando demasiado lejos.

"El problema en el campo era que tenías a muchos científicos diferentes en muchas universidades diferentes haciendo su propia investigación con sus propios pacientes y sus propios métodos," comentó el Dr. Michael W. Weiner del Departamento de Asuntos para Veteranos de San Francisco, quien dirige ADNI. "Personas diferentes utilizando métodos diferentes en diferentes sujetos en diferentes lugares obtenían resultados diferentes, lo que no era novedad. Lo que se necesitaba era juntar a todo el mundo y obtener un conjunto de datos común."

Pero ello iba a necesitar un esfuerzo tremendo. Ninguna compañía podría hacerlo solo, y tampoco los investigadores individuales. El proyecto requeriría a 800 personas, algunas con memoria normal, otros con daño en la memoria, otros con Alzheimer, que pudieran ser examinados en busca de marcadores biológicos y seguidos durante años para ver si estos marcadores daban señales del progreso de la enfermedad.

De repente, en el auto y mientras llevaba al Dr. Buckholtz al aeropuerto, "todo dio un grito," dijo el Dr. Potter y añadió, "Quizá esto sea suficientemente importante para lograr que las personas trabajen juntas y coordinen de una manera en la que no había sido posible antes."

La idea, dijo el Dr. Buckholtz, era que los Institutos Nacionales de Salud del gobierno "pudieran servir como un intermediario honesto entre la industria farmacéutica y la academia."

Pronto, el Dr. Richard J. Hodes, director del Instituto Nacional del Envejecimiento, estaba al teléfono con el Dr. Steven M. Paul, exdirector científico de los Instituto Nacional de Salud Mental, que había partido recientemente a liderar una investigación sobre el sistema nervioso central en Eli Lilly. El Dr. Paul se ofreció a preguntar a otras empresas de medicamentos con el fin de reunir dinero.

Resultó ser relativamente fácil lograr que las compañías acuerden, dijo el Dr. Paul. Era claro que el problema de hallar buenas herramientas de diagnóstico era enorme y complejo. "Éramos mejores trabajando juntos que individualmente," anotó.

Un aspecto crucial del proyecto era la Fundación de los Institutos Nacionales de Salud, el mismo que fue preparado por el Congreso para reunir fondos privados en nombre de los institutos. El Dr. Paul formaba parte de su directorio.

Al final, el Instituto Nacional para el Envejecimiento acordó pagar $41 millones, otros institutos contribuyeron con $2.4 millones y 20 compañías y dos organizaciones sin fines de lucro contribuyeron con $27 millones adicionales para poner en marcha el proyecto y mantenerlo durante los primeros seis años. A fines del año pasado, el instituto contribuyó con $24 millones adicionales y la fundación se encontró trabajando en una renovación del proyecto durante otros cinco años que involucraría contribuciones federales y privadas de la misma magnitud que las iniciales.

Al inicio, la colaboración tocó a muchos científicos con preocupación —estarían renunciando a la propiedad de sus datos y cualquiera podría utilizarlos, publicarlos, aun malinterpretarlos y publicar información equivocada.

Pero los investigadores del Alzheimer y las empresas farmacéuticas se dieron cuenta de que no tenían muchas alternativas.

"Las empresas estaban atrapadas en el dilema del prisionero," dijo el Dr. Jason Karlawish, un investigador del Alzheimer en la Universidad de Pennsylvania. "Todos querían dar un paso adelante, pero nadie quería tomar los riesgos de hacerlo."

Muchas personas ven con desconfianza las colaboraciones con las compañías de medicamentos y a menudo esa actitud es justificada, dijo el Dr. Karlawish.

Pero no en este caso. Para quienes mostraban escepticismo, "Mi respuesta era 'supéralo'."

Continuó: "Esto tiene sentido. El desarrollo de mediciones confiables y válidas de la enfermedad de Alzheimer requeriría una ciencia tan grande y tan limitados retornos a la inversión que no era de interés de ninguna compañía el perseguirlo."

Las compañías así como los investigadores académicos se encuentran utilizando los datos. Ha habido más de 3200 descargas del conjunto inmenso de datos completo y casi un millón de descargas de conjuntos de datos que contienen imágenes de gráficas cerebrales.

Y el Dr. Buckholtz dice que está gratamente sorprendido por la manera en la que están resultando las cosas.

"No estábamos seguros, francamente, de cómo funcionaría el tener los datos disponibles para cualquiera," dijo. "Pero sentimos que el bien que podía salir de ello era sobrecogedor. Y eso fue lo que pasó."

Source Publication: New York Times
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