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Noticias sobre la Investigación Clínica

Nuevos hallazgos acerca de la enfermedad de Parkinson y sus efectos en la conducta del paciente

Una nueva prueba neurofisiológica de memoria está ayudando a descubrir cómo la enfermedad de Parkinson puede alterar la capacidad de las personas para aprender acerca de las consecuencias de las elecciones que realizan. La prueba fue desarrollada por el Dr. Mark Gluck, catedrático de neurociencias en Centro para Neurociencia Molecular y de Conducta en la Universidad Rutgers, Newark, trabajando en conjunto con co-investigadores en Rutgers, la Universidad de Nueva York, y Hungría.

 

Como se reportará en un artículo próximo en la revista Brain,* Gluck y los co-investigadores Nikoletta Bodi y Szabolcs Keri de la Universidad Semmelweis, Hungría, encontraron que los pacientes no medicados en etapas tempranas de Parkinson se vieron selectivamente limitados de aprender por recompensa.

 

Los pacientes en Hungría fueron sometidos a una prueba utilizando una novel tarea de retroalimentación-aprendizaje desarrollada por Gluck y sus colegas: Catherine E. Myers, catedrática de investigación, Universidad Rutgers, Newark; y Nathaniel Daw, catedrático adjunto, Universidad de Nueva York. La investigación fue apoyada por un Premio de la Fundación Dekker de la Fundación Bachman-Strauss para la Distonía y el Parkinson.

 

“Lo que estamos viendo en pacientes recientemente diagnosticados es que antes de ser puestos bajo cualquier medicación, ellos exhiben una discapacidad selectiva en su capacidad de aprender de resultados positivos (recompensa) mientras que su capacidad de aprender de los resultados negativos (castigo) resulta normal,” dice Gluck, director del Centro Rutgers para Investigación Colaborativa en Proceso de Conocimiento y Enfermedad de Parkinson.

 

Este déficit selectivo en aprendizaje por recompensa no es sorprendente, dice Gluck, porque los científicos han sabido durante largo tiempo que la dopamina es utilizada para transportar información que recompensa a través del cerebro. Los pacientes de Parkinson, sin embargo, han perdido la mayoría de las células que producen dopamina para el momento en que se les diagnostica la enfermedad por primera vez. Esta disminución en su capacidad para procesar resultados positivos podría ser una de las razones por las que muchos pacientes con Parkinson experimentan depresión, afirma Gluck. “No es sólo que tengan una horrible enfermedad, sino que pierden la capacidad de procesar los aspectos que hacen apreciar las recompensas de la vida.”

 

Gluck y sus colegas encontraron que este déficit en aprendizaje por recompensa en un paciente con Parkinson no-medicado está en contraste directo con lo que se ve en los pacientes una vez que comienzan el tratamiento con agonistas de dopamina, una terapia estándar para el tratamiento de los síntomas motores de la enfermedad. Con agonistas de dopamina, la capacidad de un paciente de aprender de un reforzamiento positivo mejora hasta niveles normales. Pero hay un truco —su capacidad para aprender de los resultados negativos (o castigos), lo que antes se veía como normal, estaba ahora dañada.

 

Gluck explica que una incrementada sensibilidad a aprender de los eventos que resultan en finales positivos, aunada a una disminución de la capacidad de aprender de resultados negativos podría explicar por qué algunos pacientes de Parkinson tratados con agonistas de dopamina desarrollan trastornos impulsivos, incluyendo ludopatía, hipersexualidad, alcoholismo, y apetito y compras compulsivas. Todas estas conductas podrían ser entendidas como una búsqueda de comportamientos que producen una recompensa en ausencia de una apropiada sensibilidad a las consecuencias negativas.

 

“Por ejemplo,” anota Gluck, “si la capacidad de alguien para aprender de consecuencias negativas es reducida y uno juega en las máquinas tragamonedas y gana $10 en unas pocas vueltas, pero pierde muchas más veces en el ínterin, lo que uno puede recordar mejor es la emoción de ganar. Como tal, uno estará entorpecido en su capacidad de aprender que el juego también puede tener consecuencias negativas.”

 

La capacidad de probar los efectos del aprendizaje con retroalimentación en la temprana aparición de la enfermedad de Parkinson podría proveer comprensión adicional acerca del impacto de la pérdida de dopamina en la cognición y la conducta. También podría allanar el camino para identificar qué pacientes con Parkinson son más propensos a experimentar problemas de retroalimentación relacionados a los agonistas para así poder ser tratados con medicaciones alternativas.

 

Otra investigación en curso dirigida por Gluck y sus colaboradores clínicos en Nueva Jersey, Nueva York, Europa y el Medio Oriente apunta a entender aún más cómo y por qué el aprendizaje y la capacidad de tomar decisiones se ve afectada por la enfermedad de Parkinson y cómo las medicaciones utilizadas para tratar los síntomas motores pueden dañar o remediar estas esenciales capacidades cognitivas.

 

Aprendizaje por Retroalimentación, Demencia, Depresión y Adicción a las Drogas

 

Además de proveer nuevas formas de entender los efectos de la enfermedad de Parkinson y los agonistas de dopamina en el aprendizaje y la personalidad, las nuevas tareas de aprendizaje por retroalimentación desarrolladas en la Universidad Rutgers vienen siendo utilizadas para estudiar los déficit en aprendizaje y toma de decisiones en personas que sufren de demencia frontotemporal (DLFT), una condición degenerativa que involucra la parte anterior de la corteza cerebral. La DLFT está asociada a dramáticos cambios de personalidad, comportamiento y procesos de pensamiento, los cuales incluyen inhibición, aislamiento y conductas compulsivas.

 

Con el co-investigador Murray Grossman de la Universidad de Pennsylvania, Gluck está estudiando los cambios en aprendizaje por retroalimentación positiva y negativa en personas diagnosticadas con DLFT. Esa investigación, financiada con una donación de la Asociación para la Demencia Frontotemporal, tiene el potencial de ayudar a identificar métodos para ayudar a corregir el comportamiento de los pacientes con DLFT.

 

“Si, por ejemplo, los pacientes con DLFT aprenden mejor de la recompensa que del castigo, esto significaría que se podría aconsejar a los proveedores de servicios de salud que eviten reaccionar negativamente para comportamientos inapropiados y se enfoquen en recompensar a los pacientes por no caer en comportamientos inapropiados en su lugar,” afirma Gluck.

 

En una investigación relacionada, Gluck está trabajando con doctores Palestinos e Israelíes, como parte de un proyecto de investigación cerebral conjunto israelí-palestino, auspiciado por Rutgers, que estudia los déficit cognitivos de los pacientes israelíes y palestinos que sufren de enfermedad de Parkinson y depresión.

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